Detrás de un “Estoy bien”... ¿qué estás escondiendo?

Vas caminando por la calle, entras a la oficina o te cruzas con alguien y te suelta el típico: "¡Hola! ¿Cómo estás?". Y antes de que tu cerebro alcance a pensar, tus labios se curvan solos en una sonrisa y respondes en piloto automático: "¡Estoy bien!". Pero por dentro… por dentro te estás desarmando.
Llevas días sosteniendo un nudo pesado en la garganta. Te acuestas por la noche y el cansancio no te deja dormir, o sientes un vacío en el pecho mientras sostienes sola o solo una montaña de miedos, inseguridad, tristeza o decepciones. Sin embargo, al salir el sol, te vuelves a poner la máscara de "aquí no pasa nada" y sigues adelante. ¿Por qué nos cuesta tanto decir la verdad? ¿A qué le tenemos tanto miedo? ---
Las voces que te enseñaron a callar
Desde lo que trabajamos en psicoterapia, ésto tiene un nombre muy sencillo: mandatos que te tragaste sin masticar. Si miras hacia tu infancia o tu historia, es muy probable que recuerdes frases como: "los trapos sucios se lavan en casa", "no seas dramático", "a nadie le gusta la gente triste", "tienes que mostrarte fuerte", o "No pasa nada". Para defenderte y evitar el rechazo, te construiste una armadura. El problema es que esa armadura terminó convirtiéndose en tu propia cárcel. Y cuando pasas la vida reprimiendo lo que sientes, el cuerpo busca la manera de gritarlo: en un dolor de espalda, en un insomnio rebelde, en un ataque de ansiedad o explotando con la persona equivocada.---
Lo que le pasa a tu cerebro cuando te mientes:
Hay algo fascinante que ocurre en nuestra mente: cuando sientes dolor y lo escondes, la parte de tu cerebro que detecta el peligro (la amígdala) se queda encendida en alerta máxima. Intentar sonreír cuando estás rota por dentro le exige a tu mente un gasto de energía agotador. Por eso te sientes tan cansada aunque no hayas hecho ejercicio. Pero ocurre un pequeño milagro cuando te atreves a decir la verdad. Al nombrar lo que sientes ("tengo miedo", "estoy triste", "me siento sola"), tu cerebro baja la guardia inmediatamente. Ponerle nombre a la emoción es la primera medicina para calmar tu sistema nervioso. Sanar empieza cuando dejas de mentirte.-
-3 pasos para soltar la armadura HOY (Aquí y Ahora) Si hoy te leíste en éstas líneas y sentiste un pellizquito en el corazón, regálate estos tres pasos:
1. Haz una pausa de 3 segundos: La próxima vez que te pregunten cómo estás, no respondas tan rápido. Si no es el momento de abrirte con esa persona, al menos dile a tu mente: "Por fuera dije que estoy bien, pero yo sé que hoy me siento abrumada o abrumado".
2. Nombra tu emoción sin pena: Mira la imagen que te acompaña hoy. ¿Qué es realmente lo que hay dentro? ¿Cansancio? ¿Dudas? ¿Soledad? Deja de llamarle a todo "estrés". Ponle su nombre real.
3. Busca un lugar seguro donde quitarte el peso: No le entregues tu vulnerabilidad a cualquiera, pero asegúrate de tener un espacio —un terapeuta, tu libreta de notas o un abrazo sincero— donde no tengas que actuar y puedas simplemente ser.-
RECUERDA ESTO HOY:
Decir que no estás bien no te hace una persona débil. Te hace un ser humano auténtico, valiente y transparente. Deja de exigirle a tu cuerpo que cargue el peso de lo que tu boca no se atreve a soltar.
Con Amor y entrega
Zully Valecillo
Tu Psicoterapeuta ❤️| ConexSer
Sana, conecta y crece.
